POR DANIEL ARIAS SUÁREZ
Mostrando entradas con la etiqueta MEJORES TRABAJOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MEJORES TRABAJOS. Mostrar todas las entradas
MEJORES TRABAJOS : OCTUBRE 2018
Mi experiencia en el deporte ha
sido, y espero, seguirá siendo, muy satisfactoria. Ha día de hoy he probado
diferentes deportes como el taekuondo, el bádminton, el triatlón o diversos
deportes de montaña. Como he podido observar dependiendo del deporte en que nos
fijemos, podemos encontrar a gente o entrenamientos muy distintos, por ejemplo,
en el triatlón, los entrenamientos son preparados con mucha antelación y la
gente siempre suele realizar los entrenamientos en grupos, por otro lado, en
los deportes de montaña los entrenamientos suelen ser realizados de una forma más
individual, si bien es cierto que los integrantes de un club realizan
entrenamientos conjuntos, están sesiones no se producen con una frecuencia
mayor a dos veces por semana. Esto es así porque, en mi caso, la montaña es un
lugar que se disfruta y aprecia mucho mas estando solo, cuando tienes la
sensación de que estas completamente solo en el monte y puedes percibir una
calma absoluta.
Yo llevo montando en bici y haciendo
deportes de montaña desde pequeño, al principio solo salía con mi padre los
fines de semana, pero más tarde empecé a competir y a entrenar en triatlón. En
este momento empecé ah conocer un poco mejor el mundo del deporte y los valores
que este conlleva. Tras dos años haciendo triatlón empecé a competir de forma
secundaria en deportes de montaña como el Trail o el skimo. Actualmente sigo
practicando triatlón, pero de forma secundaria ya que al deporte que mas horas
dedico es el esquí de montaña. Desde que estoy en el PRO TEM (programa de
tecnificación de esquí de montaña) he podido ver muy de cerca la que es
realmente el deporte. El deporte no es una actividad extraescolar, ni siquiera
una actividad de ocio, el deporte es una forma de vida. Esta es la parte que
mucha gente que no practica deporte de forma habitual no suele comprender. El
ciudadano medio ve al deportista profesional como una persona que vive
simplemente realizando su ocio, y en parte es así, pero lo que mucha gente no
sabe es que ese deportista está entrenando la misma cantidad de horas que un
medico en un hospital o un profesor en el colegio. Lo que la gente no sabe es
que los deportistas profesionales están sometidos a mucha presión ya que no disponen
de un sueldo estable, sino que compiten entre si y solo el que gana puede
seguir viviendo del deporte. Además, muchos de estos deportistas profesionales
tienen prohibido por contrato practicar otros deportes potencialmente lesivos.
CONCLUSIÓN
Yo considero el deporte como una
forma de vida, pero también considero que la vida de los deportistas
profesionales esta demasiado idealizada, que conlleva un enorme sacrificio y
una gran pasión por el deporte, además de una gran presión ya que muchos de
estos deportistas carecen de estudios, deben ganar para obtener beneficios.
También creo que hay deportes que
no deberían ser considerados como tal ya que, basándome en mi experiencia, no
promueven ninguno de los valores que un deporte conlleva. Por ejemplo, yo he
visto (en primera persona) un autobús de un equipo de futbol amateur de
categoría infantil, recibiendo patadas de los jugadores del equipo rival y por
otra parte he visto a dos esquiadores de montaña profesionales que son máximos
rivales compartiendo piso y saliendo a entrenar juntos.
MEJORES TRABAJOS : Noviembre 2018
Por Laura López-Sepúlveda :
LA IMPORTANCIA DE LA DIETA EN LA SALUD Y
EN LA PRÁCTICA DEPORTIVA
MEJORES TRABAJOS :Noviembre 2018
POR ADRIANA CAMACHO CONDE
IMPORTANCIA DE LA DIETA EN LA SALUD Y
EN LA PRÁCTICA DEPORTIVA
ARTÍCULO PARA COMENTAR : Febrero 2018
POR LARA MORENO
Socialización y adquisición de valores en el deporte
escolar
Cada semana vemos en los
entrenamientos cómo técnicos poco formados (no en todos los casos, pero sí en
la mayoría de clubs pequeños, donde jugadores de la casa se encargan de
entrenar a los más pequeños), están enseñando a niños cómo jugar a fútbol, sin tener
en cuenta en ningún momento la edad de los niños, sus capacidades físicas en
función del momento evolutivo en el que se encuentran, sus motivaciones...
Los niños pueden aprender muchos
valores a través de la práctica deportiva, y desde la sociología y la
psicología deberíamos ayudar a los agentes implicados (entrenadores, padres…) a
enseñar y poner en práctica estos valores en los niños, empezando por
aplicárselo ellos mismo.
Relación entre socialización,
adquisición de valores y deporte.
La socialización es un proceso que
sucede durante toda la vida del individuo, pero que se manifiesta de forma más
evidente durante la infancia, cuando niños y jóvenes van configurando su
personalidad como futuros adultos en función de los estímulos que reciben en sus
interacciones sociales.
Durante este proceso, las personas
aprenden conductas y actitudes culturalmente apropiadas. En el contexto
deportivo suceden interacciones sociales, y por el grado de implicación e
influencia que genera el deporte, se convierte en un buen agente socializador.
Un importante componente de la socialización es la transmisión de valores, y en
este contexto, el entrenador se convierte en un modelo para los deportistas
(Berber, 1982), por este motivo es necesario que esté formado en este aspecto,
para poder ayudar a los niños a una adquisición correcta de estos valores.
¿Por qué debemos enseñar a los
niños estos valores?
Durante la niñez, los niños y niñas
van formando su personalidad, a partir de todo lo que van descubriendo, es
decir, los modelos de conducta que observan, las normas que se les enseña (o
no) a cumplir… La práctica de la actividad física contribuye a la construcción
de esta personalidad, ya que pasa por la interiorización de unos valores, como
la autoexigencia, la competitividad, el sentimiento de pertenencia a un grupo,
la confianza en las posibilidades de uno mismo, la superación,…Además de la
adquisición de unas normas, tanto las propias del deporte que practican, como
las del club al que pertenecen.
Pero el deporte por sí mismo no
genera estos valores, sino que hay que hacer un uso correcto de la práctica
deportiva para que los niños puedan adquirirlos de manera adecuada. Por ello,
como mencionábamos anteriormente, es importante que los agentes implicados
tengan formación sobre cómo y qué promover en los escolares.
Para empezar, es importante conocer
qué valores están implicados en la práctica deportiva, qué beneficios o
utilidades pueden tener, y el porqué de su importancia. Existen 3 tipos de
valores que los niños pueden adquirir en la práctica deportiva: Valores
morales, valores de salud y valores utilitarios.
- Valores morales: en el deporte escolar, los
niños se encuentran aún en fase de aprendizaje de normas y reglas, y están
formando su personalidad, por este motivo es importante enseñarles cuáles son
los valores compartidos y socialmente aceptados. Hablando de deporte, algunos
de los valores morales que podemos transmitir a los niños son: cooperación,
tolerancia, honestidad, responsabilidad, cordialidad, compañerismo, o
Fair-Play.
- Valores de salud: se trata de los hábitos de
higiene (alimentación y descanso) y limpieza. Es importante a estas edades que
los niños adquieran estos hábitos de una forma correcta, como por ejemplo,
ducharse después de la práctica deportiva (especialmente en adolescentes y
preadolescentes). Esta práctica ayuda también a la socialización de los niños
dentro del equipo, ya que se lleva a cabo dentro del vestuario, un espacio
común donde los niños se ven obligados a compartir espacios y/o material, y
donde se encuentran todos juntos y pueden hablar de sus cosas. Por otro lado,
actualmente estamos encontrando en la sociedad muchos niños con problemas de
obesidad (y hacia la adolescencia muchos casos de niñas con trastornos
alimentarios como anorexia y bulimia), por ello es importante fomentar la
práctica deportiva, y unos buenos hábitos de alimentación, y de salud en
general.
- Valores utilitarios: mediante la práctica
deportiva, los niños pueden aprender a ser responsables, competitivos (de una
manera sana), a esforzarse, a ser perseverantes, a tener capacidad de
planificación y toma de decisiones, tolerancia a la frustración, potenciando la
confianza en si mismos y en sus posibilidades, y tener un buen nivel de
autoestima. Esto pueden conseguirlo haciendo del deporte escolar un medio de
diversión, donde pueden relacionarse con otros niños y pasárselo bien, no
viendo solo el aspecto competitivo y los resultados obtenidos.
¿Cómo podemos ayudar a los niños a
adquirir estos valores?
Primero de todo, tenemos que hacer
conscientes a todos los agentes implicados en la socialización y educación del
niño relacionados con la práctica deportiva de la importancia o la necesidad de
que el niño los adquiera, y en segundo lugar, deben entender la importancia de
su implicación para que se lleve a cabo. Eso significa que tienen que ser
conscientes que se trata de niños, que van a practicar deporte para pasárselo
bien, que también quieren ganar, pero que eso no debe ser lo primordial, ya que
si fomentamos el ganar a cualquier precio, o si solo valoramos la victoria, es
probable que muchos niños abandonen el deporte y con ello sus beneficios. Para
ello, hay que sensibilizar y concienciar a los clubs deportivos sobre los
objetivos que persigue el deporte escolar, que son más formativos y de
diversión y menos de rendimiento, y aunque en la teoría muchos clubs promueven
estos objetivos, un suelen llevarlos a la práctica.
Desde mi punto de vista, los
objetivos educativos y formativos son determinantes para la práctica del
deporte en estas edades. Por ello, es importante que la escuela esté implicada
en la planificación de las actividades deportivas de los niños, para que se
diseñen desde el punto de vista pedagógico. Así colaborará en la formación
integral y de socialización de los niños. Por este motivo es importante que las
escuelas y las entidades deportivas (clubs, federaciones…) tengan buena comunicación,
para poder aplicar o diseñar esta planificación deportiva conjuntamente,
adaptándola a cada etapa evolutiva y que así sea más provechosa y beneficiosa
para los escolares.
Tratándose de deporte, deberían
empezar por promover el Fair-Play, tanto en entrenamientos como en partidos,
por parte de los entrenadores y por parte de los padres, ya que en muchas
competiciones en edades formativas podemos observar como son los propios padres
los que incitan a sus hijos a cometer faltas o incluso agresiones a rivales, o
directamente ellos mismos cometen agresiones verbales (o incluso en ocasiones
físicas) contra otros padres y contra los árbitros. Igualmente, desde los
banquillos se escucha muchas veces a entrenadores insultando a los árbitros, no
respetando sus decisiones o incitando a los niños a cometer faltas o a “dejarse
caer” para engañar al árbitro. En resumen, estos agentes están en muchas
ocasiones más preocupados por el resultado que en el desarrollo y aprendizaje
de los niños, y en que disfruten jugando, y les empujan a ganar a cualquier
precio, sin darse cuenta de las repercusiones que esto puede tener en su
desarrollo como personas.
En iniciación deportiva, los niños
deben aprender a cumplir normas, tanto las propias del juego como las del
equipo y la entidad. Así mismo, se pone en práctica el respeto de las normas de
la sociedad. Por ello, desde las entidades deportivas se debe fomentar la
enseñanza y cumplimiento de estas normas, así como el respeto entre compañeros,
al rival, al árbitro y a los entrenadores, y a cualquier otra persona
implicada. Por ello, es fundamental fomentar la solidaridad y la cooperación
entre ellos e inculcarles tolerancia y respeto.
Otro aspecto a tener en cuenta es
la importancia de animarlos para que se esfuercen al máximo y lo hagan lo mejor
que puedan dentro de sus posibilidades. Para ello, deberían dar oportunidad de
jugar a todos los niños, y felicitarlos por el trabajo y esfuerzo realizado en
cada entreno y partido, aunque se pierda, de lo contrario, los niños “se quemaran”
(burnout) y probablemente dejen la práctica deportiva mucho antes de lo que les
gustaría. Actualmente, en el deporte escolar (al menos en fútbol hasta la
categoría infantil), existe la norma de que todos los jugadores deben haber
salido a jugar como muy tarde en el tercer cuarto (desde este año, hasta esta
categoría se han dividido los partidos en cuatro partes iguales para fomentar
la participación). Pero esta norma también tiene su trampa, si a un entrenador,
que dirige su juego hacia los resultados, tiene un jugador (o varios) que no le
interesa sacar en un partido (o en varios), basta con que no les convoque ese
fin de semana. Si este hecho no se corresponde con una sanción (por faltas en
el juego o en el equipo), este jugador no encontrará sentido a esforzarse en
los entrenamientos, ya que no tendrá la recompensa del partido, que es lo que
todos los niños esperan.
Por este motivo, antes de inscribir
a un niño en un club, los padres deben informarse bien sobre los objetivos del
club y de esa categoría en particular, ya que si están buscando un equipo en el
que se juegue a fútbol por diversión, sin importar resultados, en el que no
exista una orientación al rendimiento, puede que se estén equivocando de
equipo, y que en este su hijo no juegue tanto cómo le gustaría ni disfrute lo
suficiente. Dentro de una misma categoría, suelen existir varios equipos (A, B,
C,...), y en función del objetivo de los deportistas, también sería interesante
tener esto en cuenta, ya que si quiere jugar, tal vez le interesa más estar en
un equipo C, D,... que suelen jugar en categorías inferiores, que en un A, que
suele luchar por no descender de categoría, o por conseguir unos resultados
concretos, y en estos casos, suele haber en los equipos jugadores con más
minutos por su calidad, y otros que, aunque hayan realizado un buen trabajo
durante la semana, van a jugar solo unos minutos.
Desde el deporte escolar, también
se puede enseñar a los niños la importancia de practicar ejercicio físico
regular y llevar a cabo unos buenos hábitos alimentarios, ya que la comida es
lo que les aportara la energía necesaria para poder rendir tanto en el campo
como en las actividades del día a día, y de esta manera también, hacerlos
conscientes de la importancia de una buena alimentación para prevenir posibles
casos de trastornos alimentarios, tan de “moda” últimamente, y cada vez entre
población más joven. También se pueden fomentar unos buenos hábitos de higiene,
tanto de aseo personal tras la práctica deportiva, como de sueño, enseñando tanto
a padres como a deportistas la importancia de alimentarse y descansar bien, y
ofreciéndoles puntualmente pautas para que lleven a cabo unas rutinas lo más
adecuadas posible para la edad y gasto energético de los niños.
En mi opinión, los padres, como agentes
de socialización primarios, deberían inculcar a sus hijos el gusto por la
práctica deportiva, realizando actividades con ellos en su tiempo libre, y
ofreciéndoles todo el abanico de alternativas deportivas de su municipio, para
que ellos puedan escoger aquel que más les guste. Los padres deberían
preocuparse de investigar un poco las características de cada club, es decir,
que tipo de valores promueven, si sus técnicos están formados,... Además,
deberían implicarse en la práctica deportiva de sus hijos, eso implica que no
se limiten a dejarlos en el campo e irlos a buscar, ni que muestren disgusto
por tener que llevarlo a jugar (por la hora, por el frío,…) sino que se
preocupen por si se lo pasan bien, ir a ver sus partidos y algunos
entrenamientos, animar al equipo, ayudar a la infraestructura (aportar coche de
vez en cuando –organizándose con el resto de padres- para los desplazamientos).
Como he comentado a lo largo del
trabajo, también es muy importante que los padres sean buenos modelos de conducta
en las gradas y una vez fuera del campo (cuando comentan el partido con sus
hijos). Deben enseñar a respetar al resto de participantes (jugadores,
entrenadores, árbitros y público), materiales y espacios.
Desde el club deportivo, creo que
es importante que se exija a los entrenadores, ya que van a ser educadores de
niños, que tengan una formación adecuada. Esto significa que en la escuela de
entrenadores deben tener en cuenta que van a entrenar niños de diferentes
edades y se debería enseñar las diferencias evolutivas y las necesidades de
cada etapa, así como habilidades pedagógicas, para adaptar los entrenamientos
lo mejor posible para cada categoría.
Conclusiones finales
Es importante que la práctica
deportiva se dé de una manera adecuada, ya que esto influirá en el desarrollo
psicológico de los niños, afectando en la adquisición de cualidades
psicológicas básicas como la superación de uno mismo, el trabajo en equipo, o
específicas como saber ganar y saber perder, jugar limpio, tener autocontrol, …
Por el contrario, una mala gestión de la práctica deportiva podría tener
efectos negativos tales como baja confianza o autoestima, falta de autocontrol,
deterioro en la relación familiar, déficits en habilidades sociales o actitudes
agresivas e intolerantes, entre otras.
Tras esta exposición sobre la
importancia de la adquisición de valores en edad escolar, destacar que tanto
padres como entrenadores, son responsables en gran medida tanto de las
consecuencias sobre el desarrollo psicológico como físico que tendrá la
práctica deportiva sobre los niños. Por ello, tanto psicólogos como sociólogos
del deporte, deben trabajar para que éstos, como agentes implicados en la
socialización y en la práctica deportiva de sus hijos y jugadores, se impliquen
en el proceso de formación. Eso requiere enseñarles ciertos conocimientos y
habilidades para que puedan ponerlos en práctica.
¿Cómo hacemos esto? En cuanto a los
padres, creo que la forma más indicada es realizando, conjuntamente con los
entrenadores, charlas al inicio de la temporada, en la que se expliquen tanto
los objetivos de la temporada a nivel deportivo como a nivel de “formación de
personas”, para que sean conscientes del nivel de implicación que tendrá la
práctica deportiva en la formación de su personalidad y en su bienestar
psicológico. Es importante hacerles reflexionar sobre las causas o razones que
motivan actitudes negativas de los jugadores, el papel que tiene el entrenador
en esto, el que tienen ellos como padres,... Para que adquieran conciencia y se
impliquen. Además, realizar puntualmente a lo largo de la temporada, otras
sesiones formativas sobre hábitos de salud/higiene o una valoración sobre
aspectos que hayamos podido observar buenos (sobre su gestión o la de los
entrenadores, y que está ayudando al correcto desarrollo de sus hijos), y otros
no tan buenos y susceptibles de mejorar.
A nivel de los entrenadores,
podríamos trabajar también en la planificación de la temporada, realizando del
mismo modo sesiones formativas sobre valores, habilidades pedagógicas y
características de cada ciclo evolutivo (por ejemplo), y el mismo tipo de
reflexiones, para que lo puedan poner en práctica en el desarrollo de las
sesiones de entrenamiento y partidos, presenciando posteriormente algunos
entrenamientos para poder corregir aquello que sea mejorable.
Si sociólogos y psicólogos del
deporte trabajamos juntos en esta línea, creo que la práctica de ejercicio
físico en edad escolar sería mucho más beneficiosa de lo que lo es actualmente.
Para ello hace falta también el apoyo y la concienciación de las instituciones,
para que empiecen a contar con este tipo de profesionales entre sus filas.
Autora: Blanca Zaballos
(http://psicodeldeporte.blogspot.com.es/p/sobre-mi.html)
Fuente:
http://psicodeldeporte.blogspot.com.es/2012/03/socializacion-y-adquisicion-de-valores.html
Ideas principales
En este artículo, la autora nos
explica que la práctica deportiva influye en el desarrollo psicológico de los
niños y por eso es importante que se imparta de una manera adecuada.
La socialización es un proceso que
sucede durante toda la vida del individuo, pero es más evidente durante la
infancia, cuando las personas aprenden conductas y actitudes culturalmente
apropiadas.
En la práctica deportiva se
producen interacciones sociales que sirven para la transmisión de valores, por
lo que el entrenador se convierte en un modelo para los deportistas. Con el
deporte pueden adquirir cualidades psicológicas positivas como la superación,
el trabajo en equipo, saber ganar y saber perder, jugar limpio o tener
autocontrol. Si la práctica deportiva no se imparte correctamente, puede tener
efectos negativos como baja autoestima, falta de autocontrol, deterioro de la
relación familiar, falta de habilidades sociales o actitudes agresivas e
intolerantes. Por este motivo es necesario que los entrenadores estén bien
formados para poder ayudar a los niños a adquirir correctamente estos valores.
También es importante que la
escuela participe en la planificación de las actividades deportivas, para
colaborar en la formación integral y de socialización de los niños.
Los tres tipos de valores que se
pueden adquirir con una práctica deportiva correcta son:
- Valores morales: cooperación, tolerancia, honestidad,
responsabilidad, cordialidad, compañerismo, o juego limpio.
- Valores de salud: hábitos de higiene (alimentación y descanso)
y limpieza.
- Valores utilitarios: aprender a ser responsables, competitivos (de
una manera sana), a esforzarse, a ser perseverantes, a tener capacidad de
planificación y toma de decisiones, tolerancia a la frustración, potenciando la
confianza en sí mismos y en sus posibilidades, y tener un buen nivel de
autoestima.
Ideas secundarias
Lo más importante es que todas las
partes implicadas en la socialización y la educación del niño sean conscientes
de que los niños van a practicar deporte para pasárselo bien, que también quieren
ganar, pero que eso no debe ser lo primordial. Si solo se fomenta o se valora
la victoria, muchos niños abandonarán el deporte y con ello sus beneficios. Hay
que sensibilizar y concienciar a los clubs deportivos de que los objetivos del
deporte escolar son más formativos y de diversión y menos de rendimiento y,
aunque en teoría muchos clubs promueven estos objetivos, no suelen llevarlos a
la práctica. Por este motivo, antes de inscribir a un niño en un club, los
padres deben informarse bien sobre los objetivos del club y de esa categoría en
particular.
Los padres son los principales
agentes de socialización y deberían inculcar a sus hijos el gusto por la
práctica deportiva realizando actividades con ellos en su tiempo libre,
implicarse en la práctica deportiva de sus hijos y ser buenos modelos de
conducta en las gradas y fuera del campo. Deben enseñar a respetar al resto de
participantes (jugadores, entrenadores, árbitros y público), materiales y
espacios.
Los clubs deportivos deben exigir
que los entrenadores tengan la formación adecuada, que conozcan las diferencias
y las necesidades de cada etapa y que tengan habilidades pedagógicas para
adaptar los entrenamientos lo mejor posible para cada categoría.
Opinión personal
Estoy totalmente de acuerdo con la
autora y, aunque mi experiencia personal con el deporte no ha sido esa, he
podido ver algunos ejemplos. Los profesores de educación física de colegios e
institutos son diferentes, sí tienen en cuenta el desarrollo psicológico y
emocional de los alumnos, pero muchos entrenadores de los polideportivos o
clubs deportivos están tan centrados en ganar que se olvidan de que están
tratando con niños que se están formando como personas y son muy vulnerables.
He visto abandonar distintos deportes a personas que conozco porque no se
sentían respetados, porque sentían que no daban la talla o porque se sentían
excluidos del grupo de “los buenos”. Es muy difícil encontrar una oferta
deportiva equilibrada, que piense tanto en la competición como en el bienestar
emocional de los jugadores.
Por otra parte, es cierto que el
deporte, especialmente los deportes de equipo, favorece la socialización y te
permite adquirir buenos hábitos de vida (ejercicio y alimentación, por ejemplo).
Además del propio ejercicio que es bueno para la salud, también te preocupas
por tener una buena alimentación para mantenerte en forma y tener fuerza
física.
Uno de los aspectos que menos se
cuidan en la práctica deportiva en el entorno en el que vivo es la higiene
después del deporte. La mayoría de los clubs deportivos no inculcan a los
jugadores la importancia de un hábito de ducha o lavado después del
entrenamiento o partido. De hecho, muchas instalaciones donde se juega y se
entrena no tienen duchas o aseos apropiados e, incluso, son los entrenadores
los que te piden que te cambies rápido para poder volver a casa, sobre todo
cuando se juega fuera y tienes que volver en bus.
En conclusión, se debería animar a
todos los niños a practicar deporte y se debería exigir a los entrenadores,
monitores deportivos y clubs que tengan los conocimientos suficientes sobre el
desarrollo infantil para crear un entorno seguro y eficiente.
ARTÍCULO PARA COMENTAR : MAYO 2017
POR CLARA DEL OLMO
Aquí va la historia del Huracán / el hombre al que las autoridades culparon / por algo
que nunca hizo. / Puesto en una celda de prisión, cuando una vez pudo ser / el
campeón del mundo", cantó Bob Dylan en el single Hurricane (1975).
Es la historia de Rubin Huracán Carter, boxeador estadounidense que vio cortada su
carrera profesional al ser condenado a 30 años de prisión por un triple homicidio que
no cometió. Falleció ayer en Toronto a los 76 años, víctima de un cáncer.
El 17 de junio de 1966, un paseo por los bares de Paterson (Nueva Jersey) con su
amigo John Artis truncó su vibrante carrera en el ring. Los dos fueron acusados de un
triple asesinato perpetrado en el contexto de la reivindicación antirracista de
Estados Unidos. Encajaban en el perfil de uno de los testigos, "dos negratas en un
coche blanco". Eso fue suficiente para ir a juicio, aunque la única víctima
superviviente no pudo identificarles. La acusación del Estado utilizó entonces a otros
dos testigos visuales que sí hicieron una identificación positiva. Sin más pruebas que
un tímido móvil de venganza -el asesinato de un tabernero negro por un hombre
blanco horas antes del crimen-, Carter y Artis fueron condenados a 30 años de
prisión.
El caso tomó vuelo nacional e internacional cuando Bob Dylan y otras figuras
simpatizantes del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos
reivindicaron la inocencia de los condenados. Entre ellos, el más grande, el
legendario Mohamed Ali. Encarcelado en Trenton y Rahway, Carter rechazó vestir el
uniforme y recibir comida de los servicios penitenciarios. No quería formar parte de
un sistema injusto.
Los dos testigos clave, Alfred Bello y Arthur Bradley, reconocieron en 1974 en unas
cintas recuperadas por la Oficina del Defensor en Nueva Jersey y The New York
Times que los detectives les habían presionado para identificar en falso a los
acusados. También era conocido que ambos eran delincuentes con antecedentes y
que el mismo día de la matanza estaban planeando robar en una almacén cercano.
Liberados en 1976, un segundo juicio les devolvió a la prisión tan sólo nueve meses
después.
No fue hasta 1985, cuando el caso llegó a los tribunales federales, que Carter y Artis
fueron firmemente exculpados de la causa ya que, según el fiscal, "las condenas
fueron impuestas bajo criterios racistas en vez de razonables, y con encubrimientos
en vez de revelaciones". Habían pasado 19 años en la cárcel, tiempo suficiente para
que el exboxeador, refugiado en la lectura y la escritura, recopilara su historia en la
autobiografía The 16th round: from number 1 contender to number 45472 (1974).
Tras ser absuelto se mudó a Toronto y trabajó para causas justas. La película
Huracán Carter (1999), con Denzel Washington de protagonista, narra también el
caso.
Nacido en Clifton (Nueva Jersey) en 1937, pasó su infancia en Paterson y a los once
años tuvo que estar seis en un reformatorio, hasta que se fugó y se alistó en la
Armada. En Alemania asestó sus primeros golpes y ganó el título europeo de peso
superligero. De vuelta pasó de nuevo por el calabozo: cuatro años por robar un bolso
y diez meses por la anterior fuga. En 1961 ganó su primer combate profesional. Su
poderoso gancho
de izquierdas le dio un éxito rotundo y el apodo de Huracán, por la furiosa potencia
destructiva de sus golpes.
Tras su puesta en libertad residió en Toronto, donde se dedicó a dar charlas
motivacionales, además de ser el director de la fundación AIDWYC (Association in
Defence of the Wrongly Convicted) que se dedica a defender los derechos de los
presidiaros injustamente condenados. Hasta el día de hoy, dicha organización ha
tenido éxito en decenas de casos.
En 1963 derrotó a Emile Griffith, campeón del peso wélter, y un año más tarde, en la
cumbre de su carrera, quedó a pocos puntos de arrebatar el título de peso medio a
Joey Giardello. Su último combate fue en Rosario, Argentina, en 1966. 27 victorias
(19 por KO), 12 derrotas y un empate quedarán en el historial del hombre que una
vez pudo ser el campeón del mundo.
(comentario en la siguiente hoja)
Este artículo no es sobre el deporte o el boxeo. Esta es la historia que retrata el
racismo en el deporte mundial, y más concretamente en Estados Unidos.
Para empezar, recomiendo ver la magnífica película sobre este caso (como cinéfila,
garantizo que es brutal y se ciñe a la historia).
Ruby Carter fue un gran campeón del boxeo. A pesar de los grandes impedimentos
que se encontró en su camino para llegar a donde estaba, marcó una gran diferencia
en el curso de la historia del deporte y el racismo en EEUU. Fue arrestado por unas
pruebas circunstanciales erróneas y unos falsos testimonios. Nadie pensó que el
caso de este campeón de boxeo fuera a marcar una gran diferencia. Pero lo hizo.
Su carrera era tan ascendente que apuntaba a la corona de los pesos medios.
Propinó una paliza al gran Emile Griffith y, en 1964, se midió al campeón, Joey
Giardello. Tras 15 asaltos de superioridad, los jueces no permitieron que un negro
ganase a un blanco y le robaron el combate.
Cuando le arrestaron por tripe homicidio estaba en su mejor momento, al borde de
convertirse en el campeón mundial del boxeo, pero esto no estaba muy bien visto
por la sociedad americana, la cual le dio la espalda a Ruby.
No fue solamente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, sino
por ser un negro superior en un deporte de “raza blanca”.
Después de haber escrito su libro en prisión, casi después de 19 años encerrado en la
cárcel, alguien vio la verdad. El caso era popular debido a una famosa canción de
Bob Dylan, pero no lo suficiente como para que alguien se molestara en defender a
Ruby y cambiar la historia del deporte. Finalmente una familia canadiense se fijó en
el caso, y con la persistencia y la convicción de que todos somos iguales lograron
reunir suficientes pruebas y testimonios como para sacarle de la cárcel, tras casi 20
años.
Lo que aquella familia canadiense no sabía era la repercusión mundial que este caso
alcanzaría. La historia se dio a conocer y la sociedad empezó a darse cuenta del
verdadero racismo presente en los deportes. Se ha convertido en un caso referente
de la segregación racial en los deportes.
Todavía es frecuente observar en el campo de juego actitudes como lanzar plátanos
a futbolistas negros, gritos despectivos (“nigger”), gritos de monos y abucheos
burlones y demás gestos.
Los clubes ponen carteles y mensajes que advierten de que las actitudes racistas no
serán toleradas, sin embargo, el peligro de tener un puñado de hinchas amargando
el partido una y otra vez aún no ha terminado. Esto se puede deber en parte al cierto
egoísmo e indiferencia con que muchos de los estamentos y dirigentes deportivos
implicados en este problema se conducen, con dejación de lo que son sus
responsabilidades, con la exigua justificación de que no es cosa suya.
Sin embargo, no hay que olvidar que, frente las malas noticias, siempre han existido
gestos que ya forman parte de la historia en la lucha contra el racismo en el deporte.
Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos de México 68, los atletas afroamericanos
Tommie Smith y John Carlos aprovecharon sus puestos de podio para levantar sus
puños con guantes negros haciendo publicidad del "Black Power" ("Poder Negro")
como una señal de repudio a los acontecimientos racistas que vivían en Estados
Unidos. Fueron desclasificados, pero siempre serán los protagonistas del gesto más
emblemático de la lucha contra el racismo en el deporte.
Cassius Clay, la mayor leyenda del boxeo mundial, sufrió en sus propias carnes la
hostilidad por el color de su piel. Cuenta en sus memorias que un día quiso comer
junto a su amigo Ronnie King en un restaurante de Louisville, su ciudad natal en
Kentucky. Entraron en un restaurante 'solo' para blancos y la camarera se negó a
servirles. Decepcionado, arrojó al río Ohio la medalla de oro que había ganado en los
Juegos Olímpicos de Roma 60. Posteriormente, considerando que su país le había
dado la espalda, decidió convertirse al Islam y adoptar su nombre por el de
Muhammad Alí. Otra acción es la que protagonizó durante toda su vida Nelson
Mandela, que 'utilizó' el rugby como herramienta para acabar con el apartheid en
Sudáfrica.
Al final, el deporte ha acabado siendo un ejemplo de la victoria sobre los prejuicios
raciales. Tanto los espectadores como los jugadores solo se fijan y toman en cuenta
la habilidad del jugador en la actualidad. Este sentimiento ha empujado a la
sociedad a esforzarse en la lucha contra la discriminación. Además, la aparición de
estrellas de color es una inequívoca muestra de los progresos realizados por la
comunidad negra en su conjunto.
Aún así, hay que seguir luchando.
HURACÁN CARTER Y EL RACISMO
EN EL DEPORTE
Artículo:
GUILLE ÁLVAREZ
21/04/2014 00:00 |
Aquí va la historia del Huracán / el hombre al que las autoridades culparon / por algo
que nunca hizo. / Puesto en una celda de prisión, cuando una vez pudo ser / el
campeón del mundo", cantó Bob Dylan en el single Hurricane (1975).
Es la historia de Rubin Huracán Carter, boxeador estadounidense que vio cortada su
carrera profesional al ser condenado a 30 años de prisión por un triple homicidio que
no cometió. Falleció ayer en Toronto a los 76 años, víctima de un cáncer.
El 17 de junio de 1966, un paseo por los bares de Paterson (Nueva Jersey) con su
amigo John Artis truncó su vibrante carrera en el ring. Los dos fueron acusados de un
triple asesinato perpetrado en el contexto de la reivindicación antirracista de
Estados Unidos. Encajaban en el perfil de uno de los testigos, "dos negratas en un
coche blanco". Eso fue suficiente para ir a juicio, aunque la única víctima
superviviente no pudo identificarles. La acusación del Estado utilizó entonces a otros
dos testigos visuales que sí hicieron una identificación positiva. Sin más pruebas que
un tímido móvil de venganza -el asesinato de un tabernero negro por un hombre
blanco horas antes del crimen-, Carter y Artis fueron condenados a 30 años de
prisión.
El caso tomó vuelo nacional e internacional cuando Bob Dylan y otras figuras
simpatizantes del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos
reivindicaron la inocencia de los condenados. Entre ellos, el más grande, el
legendario Mohamed Ali. Encarcelado en Trenton y Rahway, Carter rechazó vestir el
uniforme y recibir comida de los servicios penitenciarios. No quería formar parte de
un sistema injusto.
Los dos testigos clave, Alfred Bello y Arthur Bradley, reconocieron en 1974 en unas
cintas recuperadas por la Oficina del Defensor en Nueva Jersey y The New York
Times que los detectives les habían presionado para identificar en falso a los
acusados. También era conocido que ambos eran delincuentes con antecedentes y
que el mismo día de la matanza estaban planeando robar en una almacén cercano.
Liberados en 1976, un segundo juicio les devolvió a la prisión tan sólo nueve meses
después.
No fue hasta 1985, cuando el caso llegó a los tribunales federales, que Carter y Artis
fueron firmemente exculpados de la causa ya que, según el fiscal, "las condenas
fueron impuestas bajo criterios racistas en vez de razonables, y con encubrimientos
en vez de revelaciones". Habían pasado 19 años en la cárcel, tiempo suficiente para
que el exboxeador, refugiado en la lectura y la escritura, recopilara su historia en la
autobiografía The 16th round: from number 1 contender to number 45472 (1974).
Tras ser absuelto se mudó a Toronto y trabajó para causas justas. La película
Huracán Carter (1999), con Denzel Washington de protagonista, narra también el
caso.
Nacido en Clifton (Nueva Jersey) en 1937, pasó su infancia en Paterson y a los once
años tuvo que estar seis en un reformatorio, hasta que se fugó y se alistó en la
Armada. En Alemania asestó sus primeros golpes y ganó el título europeo de peso
superligero. De vuelta pasó de nuevo por el calabozo: cuatro años por robar un bolso
y diez meses por la anterior fuga. En 1961 ganó su primer combate profesional. Su
poderoso gancho
de izquierdas le dio un éxito rotundo y el apodo de Huracán, por la furiosa potencia
destructiva de sus golpes.
Tras su puesta en libertad residió en Toronto, donde se dedicó a dar charlas
motivacionales, además de ser el director de la fundación AIDWYC (Association in
Defence of the Wrongly Convicted) que se dedica a defender los derechos de los
presidiaros injustamente condenados. Hasta el día de hoy, dicha organización ha
tenido éxito en decenas de casos.
En 1963 derrotó a Emile Griffith, campeón del peso wélter, y un año más tarde, en la
cumbre de su carrera, quedó a pocos puntos de arrebatar el título de peso medio a
Joey Giardello. Su último combate fue en Rosario, Argentina, en 1966. 27 victorias
(19 por KO), 12 derrotas y un empate quedarán en el historial del hombre que una
vez pudo ser el campeón del mundo.
(comentario en la siguiente hoja)
Este artículo no es sobre el deporte o el boxeo. Esta es la historia que retrata el
racismo en el deporte mundial, y más concretamente en Estados Unidos.
Para empezar, recomiendo ver la magnífica película sobre este caso (como cinéfila,
garantizo que es brutal y se ciñe a la historia).
Ruby Carter fue un gran campeón del boxeo. A pesar de los grandes impedimentos
que se encontró en su camino para llegar a donde estaba, marcó una gran diferencia
en el curso de la historia del deporte y el racismo en EEUU. Fue arrestado por unas
pruebas circunstanciales erróneas y unos falsos testimonios. Nadie pensó que el
caso de este campeón de boxeo fuera a marcar una gran diferencia. Pero lo hizo.
Su carrera era tan ascendente que apuntaba a la corona de los pesos medios.
Propinó una paliza al gran Emile Griffith y, en 1964, se midió al campeón, Joey
Giardello. Tras 15 asaltos de superioridad, los jueces no permitieron que un negro
ganase a un blanco y le robaron el combate.
Cuando le arrestaron por tripe homicidio estaba en su mejor momento, al borde de
convertirse en el campeón mundial del boxeo, pero esto no estaba muy bien visto
por la sociedad americana, la cual le dio la espalda a Ruby.
No fue solamente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, sino
por ser un negro superior en un deporte de “raza blanca”.
Después de haber escrito su libro en prisión, casi después de 19 años encerrado en la
cárcel, alguien vio la verdad. El caso era popular debido a una famosa canción de
Bob Dylan, pero no lo suficiente como para que alguien se molestara en defender a
Ruby y cambiar la historia del deporte. Finalmente una familia canadiense se fijó en
el caso, y con la persistencia y la convicción de que todos somos iguales lograron
reunir suficientes pruebas y testimonios como para sacarle de la cárcel, tras casi 20
años.
Lo que aquella familia canadiense no sabía era la repercusión mundial que este caso
alcanzaría. La historia se dio a conocer y la sociedad empezó a darse cuenta del
verdadero racismo presente en los deportes. Se ha convertido en un caso referente
de la segregación racial en los deportes.
Todavía es frecuente observar en el campo de juego actitudes como lanzar plátanos
a futbolistas negros, gritos despectivos (“nigger”), gritos de monos y abucheos
burlones y demás gestos.
Los clubes ponen carteles y mensajes que advierten de que las actitudes racistas no
serán toleradas, sin embargo, el peligro de tener un puñado de hinchas amargando
el partido una y otra vez aún no ha terminado. Esto se puede deber en parte al cierto
egoísmo e indiferencia con que muchos de los estamentos y dirigentes deportivos
implicados en este problema se conducen, con dejación de lo que son sus
responsabilidades, con la exigua justificación de que no es cosa suya.
Sin embargo, no hay que olvidar que, frente las malas noticias, siempre han existido
gestos que ya forman parte de la historia en la lucha contra el racismo en el deporte.
Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos de México 68, los atletas afroamericanos
Tommie Smith y John Carlos aprovecharon sus puestos de podio para levantar sus
puños con guantes negros haciendo publicidad del "Black Power" ("Poder Negro")
como una señal de repudio a los acontecimientos racistas que vivían en Estados
Unidos. Fueron desclasificados, pero siempre serán los protagonistas del gesto más
emblemático de la lucha contra el racismo en el deporte.
Cassius Clay, la mayor leyenda del boxeo mundial, sufrió en sus propias carnes la
hostilidad por el color de su piel. Cuenta en sus memorias que un día quiso comer
junto a su amigo Ronnie King en un restaurante de Louisville, su ciudad natal en
Kentucky. Entraron en un restaurante 'solo' para blancos y la camarera se negó a
servirles. Decepcionado, arrojó al río Ohio la medalla de oro que había ganado en los
Juegos Olímpicos de Roma 60. Posteriormente, considerando que su país le había
dado la espalda, decidió convertirse al Islam y adoptar su nombre por el de
Muhammad Alí. Otra acción es la que protagonizó durante toda su vida Nelson
Mandela, que 'utilizó' el rugby como herramienta para acabar con el apartheid en
Sudáfrica.
Al final, el deporte ha acabado siendo un ejemplo de la victoria sobre los prejuicios
raciales. Tanto los espectadores como los jugadores solo se fijan y toman en cuenta
la habilidad del jugador en la actualidad. Este sentimiento ha empujado a la
sociedad a esforzarse en la lucha contra la discriminación. Además, la aparición de
estrellas de color es una inequívoca muestra de los progresos realizados por la
comunidad negra en su conjunto.
Aún así, hay que seguir luchando.
MEJORES TRABAJOS : MAYO 2017
Trabajo realizado por Nacho Escalonilla
Ideas principales: Hablar de ideas principales en este texto es como no hablar
de nada, al ser una entrevista todo el rato se plantean distintas ideas, una
para cada pregunta realizada, eso sí Alex Segura la persona entrevistada es un
traceur de Almería que habla mayoritariamente del parkour ya que es su deporte
y estilo de vida, aunque dentro de este inmenso tema nos habla de muchas cosas
como la competición dentro del parkour, la confianza en uno mismo y junto con
esta la fuerza/técnica refiriéndose a si es más eficaz tener fuerza o tener la
técnica necesaria.
Ideas secundarias: Alex
Segura siempre ha tenido una visión muy clara a la hora de descubrir el mundo
del parkour y lo digo por experiencia ya que gente de su confianza son amigos
míos y ellos me han enseñado todo lo que necesito saber y desde luego que
gracias a ellos mis ideas son muchísimo más claras y eso es lo que Alex intenta
mostrar, sus ideas y principios de forma secundaria en la entrevista.
POSICIONAMIENTO CRÍTICO
Mi opinión acerca de esta entrevista
expuesta como un artículo es sencilla y previsible, conozco a las personas que
estuvieron con Alex Segura desde sus inicios y ellos han estado ahí desde los
míos así que comparto perfectamente su opinión ya que se me ha enseñado de la
misma forma, pero las personas son curiosas por naturaleza y yo no he sido solo
enseñado por estas personas así que empecé a observar por mi cuenta lo que
había en el exterior de España en este mundo, mis opiniones cambiaron a mejor
pero las opiniones de Alex en la entrevista las sigo compartiendo y ahora más
ya que estoy más documentado y tengo experiencias y situaciones vividas.
Al
fin y al cabo dentro de las opiniones que tenga cada uno y fuera de lo que esté
bien y mal siempre opinaré que el deporte que haga uno mismo o con un
determinado grupo de personas es y será deporte por y para ellos, ya que yo
hago ejercicio para mí, sin la necesidad de impresionar a nadie.
EXTRAS
Si tienes miedo a caer, caes porque tienes
miedo
-
Daniel Ilabaca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














